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La segunda venida de Jesucristo

La segunda venida de Jesucristo

David Brandt Berg

«Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.»  Hebreos 10:37[1]

El reinado y dominio del Anticristo parecerá el triunfo final del hombre prescindiendo de Dios. Parecerá que Dios ha sido derrotado y que la iglesia ya no existe. Pero con lo que no cuentan el Anticristo y sus fuerzas es con el poder sobrenatural y omnipotente de Dios. Dios obtendrá Su mayor victoria de la que aparentemente será la mayor de las derrotas.

En el preciso momento en que el diabólico Anticristo crea que lo tiene todo bajo control —por fin será adorado por todo el mundo y se habrá sentado «en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios»[2]—, de pronto, repentinamente, viene Jesús y arrebata a todos Sus hijos de este mundo: a todos los creyentes que se negaron a que les pusieran la marca de la Bestia en la mano o en la frente y se negaron a adorarla, prefiriendo por el contrario amar, vivir y aun morir por Jesús.

Justo después de la hora más oscura de la historia del mundo vendrá el amanecer más esplendoroso. Jesús volverá para rescatar a los Suyos, a Su iglesia, a todos los que le aman, le conocen, y creen que Él es el Hijo de Dios, el Mesías. Dirá: «¡Que pare el mundo! ¡Quiero que se bajen!» Y «los que vivan, los que hayan quedado, serán arrebatados juntamente con Él en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor»[3].

La segunda venida de Jesús es para los cristianos el mayor acontecimiento profético del tiempo del fin, ya que supondrá el fin de este mundo tal como lo conocemos y del lugar que ocupamos en él con nuestros actuales cuerpos físicos. A Su venida seguirá nuestra completa transposición y arrebatamiento cuando seamos arrebatados juntamente con Él en el aire y llevados a lugares celestiales. La venida de Jesús es el eje central, el fin de nuestra forma actual de vida y de trabajo en la Tierra, cuando «el tiempo no será más» para nosotros, y entraremos en el gran ahora eterno[4].

LOS TIEMPOS Y LAS OCASIONES DE LA SEGUNDA VENIDA

Dios tiene un momento determinado y fijado para el regreso de Su Hijo Jesucristo a este mundo para rescatar a Su pueblo. Vendrá justo en el momento preciso, como en esos lanzamientos de naves espaciales en los que hacen una cuenta atrás para que despeguen en un momento fijado de antemano. Solo que no habrá ningún inconveniente que pueda retrasar Su cuenta atrás. Jesús cumplirá Su Palabra. Puedes estar seguro de que no va a cambiar de planes ni vendrá de forma contraria a todo lo que Él mismo enseñó y lo que escribieron los profetas y apóstoles. No fallará, sino que Su regreso cumplirá las profecías específicas y detalladas de Su Palabra que hablan de sucesos del tiempo del fin que deben suceder antes de que Él vuelva.

La última cuenta atrás para la segunda venida de Cristo comenzará después de que el Anticristo se haya manifestado como el gran dirigente mundial que «confirmará el pacto con muchos por siete años» en lo que se refiere a Jerusalén y el culto en el templo judío[5]. Pasarán exactamente 1.260 días hasta que lo rompa, lo revoque y dé inicio al período de la Gran Tribulación poniéndose en el lugar santo e instalando allí su imagen para que se le rinda culto, y mande que todos deben llevar su marca en la frente o en la mano.

Jesús mismo dijo: «Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, habrá gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá»[6]. Cuando se instale en el templo de Jerusalén la imagen del Anticristo, a la mitad de los siete años de vigencia del pacto comenzará el período de Gran Tribulación, el cual dice una y otra vez la Palabra de Dios que durará exactamente tres años y medio, lo dice en muchos lugares diferentes para que no dejemos de entenderlo bien: 3 años y medio[7], 42 meses[8] y 1.260 días[9].

Jesús nos advirtió que no esperáramos Su venida antes de lo predicho. Nos dice: «Cuando Yo venga, lo sabréis». El cielo se iluminará como con un relámpago continuo de un extremo al otro, y habrá tal señal en los cielos que no cabrá la menor duda de que viene Jesús.

«Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del hombre»[10]. Dice que el cielo se iluminará desde el oriente hasta el occidente como por un relámpago. Cuando venga Jesús, todo el cielo se llenará de luz y permanecerá iluminado mientras somos arrebatados para recibirle en el aire; y el mundo entero lo observará.

«Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas»[11]. Se está expresando en un lenguaje críptico muy desconcertante. Está diciendo: «Donde esté el cuerpo, allí se juntarán los que se alimentan de Cristo». Una analogía más bien desagradable en la que nosotros, como si fuéramos buitres, nos comemos el cuerpo de Cristo. Por otra parte, Él dijo: «Si no coméis Mi carne y bebéis Mi sangre, no tendréis parte en Mí»[12]. De manera que en este caso se refiere a nuestro arrebatamiento y reunión con Él. Dondequiera que se encuentren Sus seguidores, serán atraídos como por un imán, como las águilas al cadáver, como los buitres al cuerpo muerto, porque tenemos que comer y alimentarnos de Cristo para vivir espiritualmente. Donde esté el cuerpo muerto, allí nos juntaremos todos los aguiluchos.

«Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces se lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará Sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a Sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro»[13].

¿Que podría ser más cataclísmico, espectacular, fenomenal y más evidente que la venida del Señor, tal como la describe aquí el propio Jesús? Todo el cielo se iluminará como con un relámpago, los salvos de todos los tiempos serán literalmente «arrebatados» en el aire, el sol y la luna se oscurecerán, caerán meteoritos y el propio Jesús hará Su aparición en los cielos atmosféricos, a raíz de lo cual los que no estén salvados se lamentarán y llorarán al verlo venir en las nubes «con poder y gran gloria».

«Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba, porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche. Que cuando digan: “Paz y seguridad”, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán»[14].

Será como una destrucción repentina, de repente, sin previo aviso. Porque sus falsos profetas habrán estado diciendo: «Ya está todo bien, no hay nada de qué preocuparse. Tenemos nuestro gobierno mundial, tenemos a nuestro Anticristo, tenemos a nuestro mesías, a nuestro superhombre para dirigir el mundo, y todo irá bien. Paz y seguridad.» Y entonces les sobrevendrá destrucción repentina. Jesús volverá, rescatará a Su esposa, y Dios comenzará a derramar Su ira y Sus juicios finales contra el imperio mundial del Anticristo.

«Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día (el de la segunda venida de Cristo) os sorprenda como ladrón»[15]. A los cristianos que conocen la Palabra de Dios y han «distinguido las señales de los tiempos»[16] no les sorprenderá. Puede que no sepamos el día o la hora exactos, pero sin duda sabremos cuando hayan transcurrido aproximadamente tres años y medio desde que pusieron la abominación desoladora en el lugar santo, y estaremos pendientes del regreso de Jesús, esperándolo ansiosamente.

«Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan. Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de la fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo»[17].

La magnífica segunda venida de Jesús no tomará a Sus hijos por sorpresa, como ladrón en la noche, pero sí al resto del mundo. «Verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria»[18]. Nuestro arrebatamiento y resurrección forman parte de nuestro triunfo, de la victoria que nos da Dios, de nuestro gran éxodo de este mundo.

En el Apocalipsis dice: «He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá»[19]. ¿Qué mayor testimonio podría haber que la resurrección y el arrebatamiento? Ese será el testimonio definitivo, cuando vean a Jesús con sus propios ojos y vean cómo resucitamos de entre los muertos y nos elevamos de la tierra para recibirle en el aire.

Nadie que ame a Jesús se quedará atrás. Nadie que haya aceptado a Jesús como su Salvador se quedará atrás. Nadie que esté salvado se quedará atrás. Ni un solo cristiano auténtico que crea en la Biblia, confíe en Cristo y ame a Jesús se quedará atrás, ni uno solo. Porque «todos seremos transformados»[20]. Y todos ascenderemos. Enviará a Sus ángeles a recogernos por todas partes, por todo el planeta, y no dejará ni uno atrás. No olvidará a ninguno, ni uno solo. ¿Verdad que es maravilloso?


Notas al pie

[1] A menos que se indique lo contrario, todos los versículos bíblicos son de la versión Reina Valera 1960.

[2] 2 Tesalonicenses 2:4.

[3] 1 Tesaloniceses 4:17.

[4] Apocalipsis 10:6-7.

[5] Daniel 9:27.

[6] Mateo 24:15,21.

[7] Daniel 7:25; 9:27; 12:7; Apocalipsis 12:14.

[8] Apocalipsis 11:2; 13:5.

[9] Apocalipsis 11:3; 12:6.

[10] Mateo 24:27.

[11] Mateo 24:28.

[12] Juan 6:53–58.

[13] Mateo 24:29-31

[14] 1 Tesalonicenses 5:1-3.

[15] 1 Tesalonicenses 5:4.

[16] Mateo 16:3.

[17] 1 Tesalonicenses 5:5-8.

[18] Mateo 24:30.

[19] Apocalipsis 1:7.

[20] 1 Corintios 15:51.