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El color del amor

¿ES POSIBLE LA ARMONÍA en un mundo como el nuestro, atormentado por tensiones, conflictos, prejuicios y violencia? Probablemente te parezca que no y sientas el impulso de arrojar esta hojita al cesto de los papeles más próximo. Pero tómate unos momentos para seguir leyendo y al menos considerar la solución que se ofrece en el mismo..

En años recientes hemos visto o leído los horrores que se perpetran cuando se produce una escalada de animosidad entre países o entre pueblos de distintos orígenes étnicos. La depuración étnica en la antigua Yugoslavia, la carnicería humana de Ruanda, los continuos derramamientos de sangre en Oriente Medio y y las tensas relaciones raciales en muchos otros países atestiguan que la especia humana se encuentra en un estado deplorable.

¿QUÉ PASARÍA SI SE APROBARA un decreto que obligara a las personas de todos los países, razas y credos a respetar y aceptar a todas las demás, cualesquiera que fueran sus diferencias? Lamentablemente, aunque alguien tuviera la autoridad para promulgar tal decreto, no daría resultado. La bondad, la comprensión y el amor deben emanar del corazón; no se pueden imponer a punta de leyes..

Aceptar y respetar a otro cuando te han enseñado desde pequeño que tu raza, credo o cultura es mejor que la de él es tarea nada desdeñable. Más difícil aún sería aceptar a alguien a quien detestas porque sabes que durante años o quizá siglos su pueblo ha causado al tuyo innumerables sufrimientos, humillaciones, abusos, explotación o persecución.

Cuando alguien ha sido expoliado, ha perdido su hogar o su tierra, o de algún otro modo ha sufrido en carne propia violencia o crueldad de parte de otro grupo étnico, no hay edicto capaz de cambiar las actitudes de la víctima de la noche a la mañana. Aunque realmente quisiera amar y aceptar a los demás, es muy difícil desembarazarse de hábitos de larga data, y no hay fuerza de voluntad —por férrea que sea— capaz de superar el resentimiento o el odio profundamente arraigados.

¿CÓMO SE HACE ENTONCES PARA SUPERAR los prejuicios, el miedo y la desconfianza cuando esos sentimientos han sido inculcados durante siglos? La respuesta puede resumirse en dos sencillas palabras: ¡con amor!

El rey Salomón, que tiene la reputación de haber sido el mortal más sabio que haya caminado sobre la faz de la Tierra, escribió: «El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas» (Proverbios 10:12). Si odiamos a alguien, muy probablemente nuestra relación con esa persona generará desacuerdos y conflictos. En cambio, si la amamos, aunque nos haya perjudicado, es posible mirar más allá de sus faltas, aceptarla y perdonarla

Pasar por alto y perdonar los defectos y errores ajenos parece una aspiración muy noble; pero seamos realistas: ¿quién es capaz de deshacerse instantáneamente del resentimiento, el odio, el miedo o cualquier otra actitud negativa muy arraigada que abrigue contra otra persona, o incluso contra un pueblo entero? A la mayoría nos falta la determinación y la entereza emocional para ello.

LO ALENTADOR es que, pese a nuestros limitados recursos humanos, nos es posible amar sinceramente, comprender y aceptar a los demás, sea cual sea su pasado u origen. La clave para albergar un sentimiento de esa naturaleza proviene de la fuente más sublime de todo amor: Dios mismo. La Biblia dice: «Dios es amor» (1 Juan 4:8). Es el omnipotente Espíritu del amor que creó el universo y nos infundió la vida.

Para que captáramos Su esencia, se rebajó a nuestro nivel, enviando a la Tierra a Su propio Hijo Jesucristo encarnado en un hombre. La totalidad de la obra de Cristo tuvo por fundamento el amor. Al atender las necesidades físicas y espirituales de la gente experimentó el sufrimiento humano y tuvo gran compasión de nosotros. Se convirtió en uno de nosotros.

Nos enseñó que podemos cumplir con todos los preceptos divinos obedeciendo un solo gran mandamiento: amar. Jesús dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente», y: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 22:37-40).

En cierta ocasión un fariseo, experto en asuntos religiosos, oyó a Jesús enseñando esa doctrina y lo interpeló públicamente: «¿Quién es mi prójimo?» Jesús le respondió con la parábola del buen samaritano, en la que dejó claro que nuestro prójimo es todo el que necesite nuestra ayuda, sea cual sea su raza, credo, color, nacionalidad o cultura (v. Lucas 10:25-37).

PODEMOS AMAR AL PRÓJIMO y contribuir a traer paz al mundo. Basta con que entreguemos nuestro corazón al Príncipe de Paz —Jesús— y le pidamos que nos infunda ese amor que nos hace falta por los semejantes. Cuando estamos vinculados con el Dios del amor, Su Espíritu, que mora en nosotros, nos dota de la capacidad de hacer lo que de otro modo resultaría humanamente imposible: amar con sinceridad al prójimo como nos amamos a nosotros mismos

La Biblia dice de Jesús: «Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación» (Efesios 2:14). El sobrenatural amor de Dios es lo único que puede forjar la paz auténtica, la unidad y el respeto mutuo.

«El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón» (1 Samuel 16:7). Al estar en sintonía con Dios vemos las cosas desde Su óptica y podemos hacer caso omiso de factores como el color de la piel de una persona, distinguiendo más bien su corazón y su espíritu. Entonces podemos percibir a cada persona como la hermosa y singular creación divina que es.

AUN CUANDO EL TEMOR, los prejuicios y el odio lleven años de arraigo, el prodigioso amor de Dios puede disiparlo todo y traer purificación. Una vez que sabemos que Él nos ama y nos ha perdonado, nos resulta mucho más fácil amar y perdonar a los demás. Eso nos hace capaces de despojarnos de «toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia» y ser «benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándonos unos a otros, como Dios también nos perdonó a nosotros en Cristo» (Efesios 4:31-32).

Si abrimos nuestro corazón a Jesús, Él puede librarnos milagrosamente de la esclavitud del odio y la disposición animosa hacia los demás. «Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17).

¡Qué maravilloso sería el mundo si no distinguiéramos entre un color de piel y otro y no tuviéramos conciencia étnica; si lo único que viéramos al mirar a una persona de otra raza fuera el amor, el color del amor! Ello es posible con Jesús, para quien «no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3:28).

¿TE GUSTARÍA TENER ESE AMOR por tus semejantes? Sólo tienes que pedirlo. «Dios es amor» (1 Juan 4:8). Él te ama tanto que envió a Jesús para que ofrendara la vida por ti. «De tal manera amó Dios al mundo [a gente como tú y yo] que dio a Su Hijo unigénito [Jesús], para que todo aquel en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16).

Jesús te perdonará de buen grado todos tus pecados y te dará vida eterna. Simplemente pídele que entre en tu corazón. Recíbelo ahora mismo rezando sinceramente una sencilla oración como la que sigue:

Jesús, quiero conocerte. Gracias por dar la vida por mí. Te ruego que me perdones todo lo malo que he hecho. Te abro la puerta de mi corazón y te pido que me des el regalo de la vida eterna. Lléname de amor y ayúdame a ser más tolerante con mi prójimo, sea quien sea. Amén.

LA BIBLIA NOS REVELA que pronto llegará el día en que Jesús retorne «con poder y gran gloria» para establecer el Reino de Dios en la Tierra. Los regímenes explotadores y elitistas de los hombres habrán tocado a su fin cuando «los reinos de este mundo vengan a ser los reinos del Señor» (Apocalipsis 11:15).

Todas las fronteras étnicas serán borradas y la gente pacífica del mundo se unirá en auténtica armonía. «Todos los pueblos, naciones y lenguas le servirán en dominio eterno. […] No alzará espada nación contra nación, ni se adiestraran más para la guerra» (v. Daniel 7:14; Isaías 2:4).

Pero, ¿para qué esperar hasta entonces cuando en este mismo momento puedes tener paz celestial y el amor de Dios? Acepta a Jesús hoy mismo y haz lo que esté a tu alcance por transmitir Su amor a los demás.

Michael Roy