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Profesión de fe

La Familia Internacional (LFI) es una comunidad cristiana internacional dedicada a difundir el mensaje del amor de Dios por todo el mundo. Creemos que toda persona puede entablar una relación personal con Dios por medio de Jesucristo y gracias a ello adquirir felicidad, paz interior y el incentivo para ayudar a otros y dar a conocer las buenas nuevas del amor de Dios. Si bien nuestras creencias fundamentales por lo general coinciden con las sostenidas por la mayoría de los cristianos, también abrazamos otras doctrinas menos tradicionales. Nuestra aplicación de la ley del amor que enseñó Jesús —principio cardinal del cristianismo— es una de las características distintivas de nuestro modo de vida y nuestra fe. Este principio, expuesto por Jesús, establece que para cumplir «toda la ley y los profetas» basta con amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22:37-40).

Nuestras Creencias

La Palabra de Dios

La Palabra de Dios es la piedra angular de nuestras creencias, actividades y modo de vida. Sostenemos que la Biblia es la Palabra de Dios, escrita por hombres de fe que hablaron movidos por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:21). Sus principios eternos constituyen el cimiento de nuestra fe y su verdad, la base del mensaje que transmitimos.

Profesamos que Dios es un Dios vivo que habla hoy a Su pueblo como lo hacía en la antigüedad y sigue comunicando Su mensaje por revelación, profecía y palabras de consejo y orientación espiritual.

La Palabra de Dios explica en qué consiste Su plan para la humanidad, nos enseña a convivir en armonía con Dios y los demás, nos orienta en nuestro accionar y nuestras decisiones y es esencial para nuestra fortaleza y desarrollo espiritual.

Juan 1:1; Mateo 24:35; Juan 8:31,32; Mateo 4:4; Romanos 10:17, 15:4; Hechos 2:17; Amós 3:7; Proverbios 1:23

Referencias Bíblicas

Dios

Afirmamos nuestra creencia en el único y eterno Dios todopoderoso, omnisciente, omnipresente, que creó y sostiene el universo y todo lo que hay en él. La Biblia nos enseña que «Dios es espíritu» (Juan 4:24) y que «Dios es amor» (1 Juan 4:8). Consideramos que Él ama a cada persona con un amor eterno e inagotable, que vela por cada ser humano y desea que cada hombre, mujer y niño del mundo entable una relación personal con Él.

Dios existe eternamente en la Trinidad, tres Personas distintas pero inseparables: Dios Padre, Jesús el Hijo y el Espíritu Santo.

Isaías 43:10,11; Juan 4:24, 14:23; 1 Juan 4:19, 5:7; Mateo 28:19; 1 Corintios 8:6; Apocalipsis 4:11

Referencias Bíblicas

Jesucristo

Tan grande es el amor que abriga Dios por nosotros que entregó a Su único hijo Jesucristo para conceder salvación al mundo (Juan 3:16) e instruir a la humanidad en Su amor. Jesús es la manifestación del amor de Dios. Sufrió y murió crucificado para expiar los pecados de la humanidad y propiciar nuestra reconciliación con Dios (Isaías 53:4–6).

Creemos que Jesús fue concebido milagrosamente del Espíritu Santo y que nació de la Virgen María. Asumió forma humana y vivió como ser humano para llegar a ser mediador entre Dios y la humanidad (1 Timoteo 2:5). Tres días después de Su muerte en la cruz, Jesús resucitó, y cuarenta días después, ascendió al Cielo (Hechos 1:3). Profesamos que en un futuro retornará al mundo para establecer Su reino de amor y justicia en la Tierra (Apocalipsis 11:15).

1 Timoteo 3:16; Juan 1:14; Filipenses 2:5–11; Hebreos 4:14,15; 2 Corintios 5:21; 1 Pedro 2:24,25; 1 Corintios 15:3–6; Mateo 28:18; Hechos 1:9–11

Referencias Bíblicas

El Espíritu Santo

Antes de ascender al Cielo, Jesús prometió enviar el Espíritu Santo a Sus seguidores a fin de fortalecerlos y guiarlos en su vida espiritual y su relación con Dios y permanecer junto a ellos para siempre (Juan 14:16).

El Espíritu Santo ilumina al creyente para que llegue a conocer toda la verdad. Lo ayuda a entender la Palabra de Dios, lo asiste en la oración y le confiere poder para dar testimonio del Evangelio de Jesucristo a los demás (Hechos 1:8). Afirmamos que cualquier creyente puede recibir la infusión del Espíritu Santo: basta con que se la pida a Dios. La presencia del Espíritu Santo puede manifestarse en la vida del creyente por medio de diversos dones espirituales, entre ellos la sabiduría, el conocimiento, la fe, la sanación, los milagros y la profecía (1 Corintios 12:4–11).

Juan 16:7,13; Hechos 1:5,8; Juan 14:15–18,26; Lucas 11:13; Romanos 8:26,27; 1 Corintios 12:4–11; Proverbios 8:1,23,30

Referencias Bíblicas

La creación

Creemos que Dios creó el universo conforme al relato bíblico de la Creación. Dios formó al primer hombre y a la primera mujer a Su imagen y les insufló el aliento de vida (Génesis 2:7). Así llegaron a convertirse en seres vivientes: por creación divina y no por evolución fortuita. Profesamos también que la Creación visible de Dios constituye un claro testimonio de su existencia invisible (Romanos 1:20).

Creemos que la humanidad es responsable ante Dios del cuidado de la Tierra y sus habitantes.

Génesis 1:1,26,27, 2:15; Salmos 8:4–8, 33:6–9; Jeremías 32:17; Hebreos 11:3

Referencias Bíblicas

Salvación por gracia

Sostenemos que Dios creó al primer hombre y la primera mujer libres de pecado. Les concedió libre albedrío, pero ellos, optando por desobedecer a Dios, cayeron en pecado. Una vez introducido el pecado en el mundo todos los seres humanos se tornaron en pecadores por naturaleza (Romanos 5:12-14) y se separaron de Dios. Sin embargo, Dios, en Su infinito amor y misericordia, reconcilió consigo a la humanidad al entregar a Su único Hijo al mundo, «para que todo aquel que en Él crea no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16). Por lo tanto, consideramos que todo el que acepte el perdón que ofrece Dios por los pecados a través de Su hijo Jesucristo, será dispensado y redimido, y vivirá para siempre en la presencia de Dios en el más allá.

La salvación —redención del pecado— es un regalo de Dios, una muestra de Su amor, misericordia y perdón que solo puede obtenerse creyendo en Jesús. «Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por Su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo» (Tito 3:5). Una vez que recibe el regalo de la salvación, el creyente es salvo para siempre: tras la muerte, su alma vivirá para siempre en el Cielo. «Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, ni nadie los arrebatará de Mi mano» (Juan 10:28). Los creyentes siguen siendo personas falibles, necesitadas del perdón de Dios. No obstante, a pesar de sus faltas y pecados, jamás perderán la salvación.

Génesis 3:17–19; 1 Corintios 15:21,22; Romanos 3:23, 6:23; Efesios 2:7–9; 1 Juan 1:8; Hechos 4:12; 1 Juan 5:12; Romanos 5:8,9, 8:38,39

Referencias Bíblicas

Fe

La Biblia señala que Dios honra y premia a quienes se acercan a Él con fe (Hebreos 11:6). La fe crece y se fortalece mediante el estudio de la Palabra de Dios (Romanos 10:17). Una fe viva se traduce en actos (Santiago 2:17). Estimamos que nuestra fe debería integrarse a todos los ámbitos de nuestra vida e interacciones. «El justo por la fe vivirá» (Romanos 1:17).

Estamos convencidos de que Dios vela por cada uno de Sus hijos y pretende orientarlos, apoyarlos, consolarlos, fortalecerlos y proveer para ellos. Nuestra fe nos hace capaces de confiar en Él de cara a las pruebas y exigencias de la vida, por más que no siempre entendamos Sus caminos ni por qué permite que enfrentemos dificultades. Confiamos en que al encomendar nuestra vida, nuestras aspiraciones y nuestro futuro a Dios, Él cumplirá las promesas que nos ha hecho. Hará que todo lo que acontezca en la vida de quienes lo aman, a la postre redunde en su bien (Romanos 8:28).

Hebreos 11:1,6; Marcos 9:23; Mateo 8:24–26; 2 Corintios 5:7; Mateo 9:29; Hebreos 10:35; Proverbios 3:5,6; Isaías 55:8–11; Salmos 27:13,14, 23:1–4, 34:15,17–19, 91:14–16

Referencias Bíblicas

Vivir conforme a los principios divinos

Consideramos que la vida del cristiano debería ser un vivo ejemplo del amor de Dios, tanto de palabra como de obra. Las virtudes espirituales enumeradas en la Biblia se debieran reflejar en nuestra vida, a saber: el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y la templanza (Gálatas 5:22,23).

Nos adherimos a la exhortación bíblica de «no amar al mundo ni las cosas que están en el mundo» (1 Juan 2:15). Entendemos por ello que el creyente debe evitar aquellas actividades y costumbres de la sociedad laica que no sean compatibles con las enseñanzas de Cristo, así como tampoco adoptar actitudes y valores contrarios a los preceptos divinos.

Si bien creemos firmemente que la salvación es eterna y que, más allá de lo que haga un ser humano, no puede perderla, cuando nuestras acciones discrepan del mandamiento de Jesús —amar a Dios y al prójimo—, es posible distanciarnos de Él. Juzgamos necesario esforzarnos por seguir los pasos de Cristo, vivir conforme a los principios de Su Palabra y procurar sobreponernos a nuestras debilidades y pecados personales que podrían interferir en nuestra relación con Él y con los demás.

Asimismo, dado que nuestro cuerpo pertenece al Señor y es templo viviente y morada del Espíritu Santo, estimamos que los cristianos debemos esforzarnos por llevar un estilo de vida saludable (1 Corintios 6:19–20).

1 Juan 2:5,6; Santiago 2:26; 1 Juan 2:15–17; Romanos 12:1,2; Proverbios 16:6; Santiago 3:17,18

Referencias Bíblicas

La comunicación con Dios

La oración es el medio por el que nos comunicamos con Dios. A través de la oración demostramos nuestra dependencia en Dios, le expresamos nuestra alabanza y gratitud y le presentamos peticiones relacionadas con nuestras propias necesidades y las de nuestros semejantes.

Creemos que la oración, lejos de ser un mero ritual religioso, debería constituir un aspecto vibrante de nuestra relación con Dios. La oración tiene la virtud de liberar el poder de Dios de acuerdo con Su voluntad y de propiciar respuestas, provisión, curaciones y consuelo, paz interior, orientación y milagros. Jesús dijo: «Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis y os vendrá» (Marcos 11:24).

Sostenemos que Dios procura comunicarse con la gente. Desea estar muy presente en la vida de cada persona y brindarle orientación, ánimo y conocimiento. Habla al corazón de todo aquel que lo busque, ya por medios imperceptibles, ya por señales visibles de Su presencia.

Dios ha prometido dar a conocer Sus palabras a Sus hijos por medio de Su Espíritu (Proverbios 1:23). La Biblia denomina don de profecía a la capacidad para recibir mensajes directos de Dios. La profecía es un don del Espíritu Santo, que está a disposición de los creyentes y puede jugar un papel activo en su vida cotidiana (Hechos 2:17).

Jeremías 33:3; Juan 14:13,14; Mateo 7:7,8; 1 Juan 5:14,15; 1 Tesalonicenses 5:17; Romanos 12:6; Hechos 2:17,18; Proverbios 3:5,6; Efesios 5:20; Salmo 34:1

Referencias Bíblicas

La Gran Misión

Cristo encomendó a Sus seguidores la misión de propagar las buenas nuevas de Su amor y salvación (Marcos 16:15). El amor y la salvación por medio de Jesús son un regalo para toda la humanidad que debemos compartir libremente. Es nuestra convicción que los cristianos debemos esforzarnos por dar a conocer el mensaje de Dios a personas de todo estrato social, empleando métodos congruentes con los valores del cristianismo.

Jesús marcó la pauta para Sus seguidores al no limitarse a transmitir verdades espirituales, sino también acudir con compasión en auxilio de los pobres y desfavorecidos de Su época. Creemos que los cristianos, de igual manera, deberíamos hacer lo posible por consolar, asistir y atender a los necesitados.

Mateo 28:19,20; 2 Timoteo 4:2; Daniel 12:3; Hechos 26:18; Mateo 5:14,16; Lucas 9:1,2; Mateo 10:8; Proverbios 3:27, 19:17; 1 Corintios 16:14

Referencias Bíblicas

La comunidad de fe

Sostenemos que la Iglesia es una entidad espiritual que comprende a todo el que cree en Jesucristo. La hermandad de los cristianos no consiste en edificios, confesiones e instituciones, sino que entraña una comunidad de fe, unida en espíritu por medio del amor. «Dios es Espíritu, y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren» (Juan 4:24).

Para nosotros, la descripción bíblica del modo de vida de la Iglesia Primitiva, en que primaban la estrecha fraternidad, la cooperación y la unión espiritual, no es solo una narrativa histórica, sino que constituye un modelo para las sucesivas generaciones de creyentes.

Los integrantes de la Familia Internacional forman parte de una comunidad de fe y se consideran hermanos y hermanas en espíritu. Los une la fe y una causa común. Creemos que así como Jesús dio Su vida por nosotros, «también nosotros debemos poner la vida por los hermanos» (1 Juan 3:16), sirviéndonos los unos a los otros con amor y deferencia (Gálatas 5:13). Consideramos nuestro deber cristiano trabajar en armonía con nuestros semejantes a fin de comunicar el amor de Dios al mundo y elevar la calidad de vida de las personas.

1 Pedro 2:5; Efesios 2:19–22; 1 Corintios 12:12–14; Hechos 2:46; 1 Juan 1:7; Salmo 133:1; 1 Pedro 4:8; Juan 15:13

Referencias Bíblicas

La esposa de Cristo

La Biblia establece una analogía sobre la relación que existe entre Dios y Su pueblo —Cristo y Su Iglesia—, y la de un esposo y su esposa. Dice: «Tu marido es tu Hacedor; el Señor de los ejércitos es Su nombre» (Isaías 54:5), y afirma que somos [esposa] «de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios» (Romanos 7:4).

Entendemos que la metáfora conyugal empleada en la Biblia para describir la íntima relación espiritual entre Jesús y Su Iglesia tiene el objeto de representar la apasionada unión de corazón, mente y espíritu que Jesús procura tener con cada uno de Sus seguidores.

Oseas 2:19,20; Isaías 61:10, 62:5; Efesios 5:25; Apocalipsis 19:7–9

Referencias Bíblicas

Discipulado

El discipulado cristiano se caracteriza por el compromiso de creer en Jesús y seguir Sus enseñanzas. «Si vosotros permanecéis en Mi palabra, seréis verdaderamente Mis discípulos» (Juan 8:31). Pensamos que en la actualidad Jesús todavía exhorta y estimula a los creyentes a seguirle y vivir de conformidad con Sus enseñanzas. La vocación de servicio que transmite Dios a Sus seguidores de hoy permanece intacta y es básicamente la misma que dio tiempo atrás a los pescadores en las riberas de Galilea: «Vengan, síganme, y los haré pescadores de hombres» (Mateo 4:19, NVI).

Los Evangelios ejemplifican la vida de Jesús y Sus discípulos más cercanos, que hicieron de su servicio a Dios la vocación de su vida. La manera y el grado en que cada cual dedica su tiempo y recursos a Cristo es una cuestión de fe y convicción personales.

Lucas 9:23,24; Juan 8:31,32, 15:16, 12:26; Marcos 8:34–38

Referencias Bíblicas

La ley del amor de Dios

Sostenemos que la ley del amor que nos dado Dios, tal como está expresada en Mateo 22:35-40, debería gobernar cada aspecto de la vida del cristiano y sus interrelaciones. Un experto en la Ley Mosaica puso a prueba a Jesús preguntándole: «Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas». Por lo tanto, creemos que el amor abnegado y desinteresado —el amor de Dios por nuestros semejantes— debiera ser el móvil que anima las acciones del cristiano.

La ley divina del amor es el cumplimiento supremo de la ley bíblica, que engloba los diez mandamientos, ya que cumple el propósito de dichos preceptos. «Toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Gálatas 5:14). Así pues, creemos que por medio de la salvación de Cristo y Su ley del amor, los cristianos quedan exentos de las leyes del Antiguo Testamento y eximidos de observarlas. En cambio, están sujetos a una ley superior: la ley del amor de Cristo, que debiera guiar todas sus interacciones.

Romanos 13:8–10; Santiago 2:8; Gálatas 2:16, 3:23–25; Juan 13:34; Romanos 10:4; Mateo 5:38–46

Referencias Bíblicas

La cena del Señor

La cena del Señor, a la que también se llama comunión, es un rito sencillo que Jesús pidió a Sus seguidores que observaran en memoria de Su sacrificio por la humanidad (1 Corintios 11:25). Los creyentes comparten el pan —el cual se parte para representar que el cuerpo de Jesús fue quebrado para la curación de nuestro cuerpo— y el vino, que representa Su sangre derramada para el perdón de nuestros pecados. Profesamos que por medio del sacrificio y muerte de Cristo en la cruz, Dios no solo propició la salvación de las almas de toda la humanidad, sino también la curación de nuestras dolencias físicas.

Mateo 26:26–28; Lucas 22:17–20; Juan 6:51; 1 Corintios 11:23–26; Isaías 53:5

Referencias Bíblicas

Vida después de la muerte

Sostenemos que todo ser humano posee un alma eterna y que al morir, su alma pasa a la otra vida, donde se le recompensará o juzgará según su conducta en esta vida y se le destinará el lugar que corresponda en el mundo venidero.

Dios ha preparado un lugar de eterna belleza, paz y felicidad en el Cielo para todos los que creen en Jesucristo (1 Corintios 2:9) y aceptan Su regalo de la salvación. «Él morará con ellos; y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor» (Apocalipsis 21:3,4).

Si bien la entrada al Cielo es gratuita, creemos que la recompensa que reciben los creyentes en la otra vida depende de sus acciones en la Tierra y de si vivieron o no conforme a las leyes del amor de Dios.

La Biblia afirma que Dios «no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan» (2 Pedro 3:9), y que Jesús predicó a los espíritus cautivos y a los muertos (1 Pedro 3:18–20, 4:6). Es nuestra convicción que Dios persistirá en reconciliar consigo todas las cosas (Colosenses 1:20). No consideramos que todos los que mueran sin haber reconocido en Jesucristo a su salvador serán arrojados incuestionablemente al infierno —un lugar de desolación y sufrimiento— ni que se verán eternamente privados de la salvación o la redención. Estamos seguros de que Dios, en Su benevolencia, seguirá amando a quienes mueren sin obtener la salvación y seguirá llevándolos al conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2:4).

Juan 14:1–3; 1 Pedro 1:3–5; 2 Corintios 5:1,2; 1 Timoteo 2:4, 4:10; Apocalipsis 20:11–13; Romanos 5:18,21; 2 Corintios 5:10,18,19; Romanos 8:18; Apocalipsis 22:12; 1 Corintios 3:13–15

Referencias Bíblicas

Ángeles y creyentes difuntos

Los ángeles son seres poderosos creados por Dios con la tarea de velar por los hombres. La Biblia narra numerosos episodios de ángeles que intervinieron para resguardar, asistir y transmitir mensajes al pueblo de Dios, y estamos convencidos de que siguen haciendo eso mismo en la actualidad.

Creemos que además de los ángeles, Dios también dota de poder a los espíritus de creyentes difuntos para que atiendan a Su pueblo y le comuniquen Sus mensajes. Prueba bíblica de ello se encuentra en el pasaje en que los espíritus de los profetas difuntos Moisés y Elías, se aparecieron a Jesús y dialogaron con Él (Lucas 9:28–31). Pablo aludió a los creyentes difuntos como «una gran nube de testigos» que vela por quienes nos encontramos en la Tierra (Hebreos 12:1).

Salmos 34:7, 91:11,12; 2 Reyes 6:15–17; Hechos 12:7–11; Mateo 1:20–24; Lucas 2:9–15; Apocalipsis 19:10; Hebreos 12:22,23

Scriptural references

La guerra espiritual

Creemos que existe una esfera espiritual, imperceptible desde el mundo físico, habitada por Dios y Sus ángeles y espíritus, como también por Satanás —el Diablo—, enemigo de toda justicia. Satanás y sus espíritus malignos se encuentran en rebeldía contra Dios y son los instigadores de buena parte de los males y el sufrimiento que han aquejado a la humanidad a lo largo de los siglos.

Mantenemos que en el plano espiritual se libra una guerra implacable entre Dios y sus fuerzas del bien y Satanás y sus fuerzas malignas, y que ambos bandos procuran influir en las almas y las conciencias de la humanidad y alterar el curso de la Historia.

Consideramos que los cristianos participan activamente en esa guerra espiritual cuando sus decisiones y sus actos están en consonancia con Dios y contribuyen a propagar Su reino. Algunas personas, no obstante, favorecen con sus impíos actos los empeños de las huestes del mal por suprimir la fe y la bondad (Efesios 6:12).

La Biblia vaticina que en última instancia Satanás y sus fuerzas serán derrotadas y que finalmente se impondrá el plan de Dios para la humanidad (Apocalipsis 20:1-3,10). A la postre se establecerá en la Tierra el reino de Jesús y «los reinos del mundo [pasarán] a ser de nuestro Señor y de Su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos» (Apocalipsis 11:15).

Hechos 26:18; 1 Pedro 5:8; Apocalipsis 12:7–9; 1 Juan 3:8; 2 Corintios 10:3–5; Efesios 6:11,12

Referencias Bíblicas

Intervención divina

Constan en la Biblia una serie de hechos sobrenaturales que desafían toda explicación. Creemos que a lo largo de la Historia Dios ha intervenido en el mundo natural a fin de alterar sobrenaturalmente determinadas circunstancias y condiciones, y que sigue haciéndolo en la actualidad para manifestar Su amor y poder.

Durante Su tránsito por la Tierra, Jesús no se limitó a expresar Su amor por la humanidad consolando y sanando espiritualmente a las personas, sino que además obró milagros para dar de comer a los hambrientos y curar sus cuerpos enfermos y lisiados. Dado que «Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos» (Hebreos 13:8), tenemos la convicción de que sigue realizando milagros en la actualidad.

Mateo 4:23,24, 10:1; Marcos 16:17,18; Mateo 8:16,17; Lucas 7:12–16; 1 Corintios 12:7–10; Juan 14:12

Referencias Bíblicas

Las llaves del Reino

Sostenemos que los seguidores actuales de Jesús tienen a disposición los mismos dones espirituales que Él otorgó a Sus primeros discípulos. Creemos que cuando Jesús dijo: «A ti te daré las llaves del reino de los Cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los Cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los Cielos» (Mateo 16:19), Él literalmente legó a Sus seguidores las llaves espirituales del reino del Cielo, lo que representa un mayor acceso a Su poder. Los creyentes pueden invocar las llaves del reino en oración y así liberar el poder de Dios para que este actúe en cualquier situación conforme a Su voluntad.

Mateo 18:18; Lucas 10:19; Apocalipsis 1:18

Referencias Bíblicas

La familia

Afirmamos que Dios concibió el núcleo familiar como piedra angular del edificio de la sociedad. Dispuso que las familias compartieran la vida, se ayudaran y se apoyaran mutuamente. Las familias son importantes para el cuidado y la formación de los niños.

Los niños son un regalo que Dios nos confía y con el cual nos bendice, pues «herencia del Señor son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre» (Salmo 127:3). Sostenemos que corresponde a los padres velar amorosamente por sus hijos e impartirles principios divinos y valores morales, además de transmitirles el debido respeto y amor por Dios y el prójimo (Efesios 6:4).

Entendemos que Dios creó y estableció la unión conyugal del hombre y la mujer, y que el matrimonio es la relación ideal para la formación de familias estables. Los creyentes que se casan hacen una alianza delante de Dios en la que se comprometen a amarse, velar el uno por el otro y a hacerse responsables de su cónyuge y de sus hijos (Mateo 19:4–6).

Salmo 68:6; Efesios 6:1–4; Génesis 2:18,21–24; Efesios 5:25–31; Salmo 127:3–5; Mateo 19:13,14; Proverbios 22:6; Deuteronomio 6:5–7

Referencias Bíblicas

La sexualidad

Estimamos que Dios creó y dispuso la sexualidad humana, y por tanto la consideramos parte natural de la vida. Según el relato bíblico Dios dijo al primer hombre y la primera mujer «fructificad y multiplicaos; llenad la tierra» (Génesis 1:28). «Vio Dios todo lo que había hecho —incluidos el primer hombre y la primera mujer al igual que sus cuerpos y su sexualidad—, y he aquí que era bueno en gran manera» (Génesis 1:31).

Es nuestra convicción que las relaciones heterosexuales, practicadas tal como Dios las dispuso, entre personas adultas y de mutuo consentimiento, son una maravilla pura y natural de la creación de Dios, y admisibles conforme a la Escritura.

Génesis 1:26–28, 2:18–25; Tito 1:15; Romanos 13:10; Gálatas 5:22,23

Referencias Bíblicas

El carácter sagrado de la vida

Sostenemos que la vida humana es sagrada y que toda persona tiene derecho a que se la trate con respeto, como individuo creado a imagen de Dios. Nuestro deber cristiano es amar al prójimo como a nosotros mismos (Marcos 12:31) sin distinciones de raza, sexo, credo, nacionalidad o status social. Nos oponemos a toda forma de discriminación, prejuicio y violencia, por considerarla incompatible con los designios de Dios.

Mantenemos que la vida —desde la concepción hasta la muerte— es una valiosa dádiva de Dios que debe respetarse y resguardarse. Siendo Dios el único dador de vida, creemos que el tiempo de la muerte de cada vida humana también debe dejarse en Sus manos (Salmo 31:15).

Génesis 1:27, 2:7; Salmo 139:14–16; Gálatas 6:10; Romanos 2:11; 1 Corintios 16:14

Referencias Bíblicas

Deberes cívicos

Consideramos que los creyentes tenemos el deber de ser buenos ciudadanos en todo sentido conforme a los valores cristianos y por ende manifestar honradez e integridad y contribuir al bienestar de la comunidad. Nos adherimos a la exhortación bíblica que reza: «Sométase toda persona a las autoridades superiores» (Romanos 13:1). No obstante, en casos en que las leyes u ordenanzas atenten contra la fe o derecho de un creyente a practicar su fe, creemos que los cristianos deben obrar de conformidad con lo que les dicta su conciencia (Hechos 5:27–29).

Romanos 12:18, 13:1–7; 1 Pedro 2:17; Mateo 22:20,21; Hechos 4:19,20

Referencias Bíblicas

La segunda venida de Jesús

Profesamos que los pasajes bíblicos que predicen el futuro del mundo se cumplirán tal como ha sido el caso de muchas otras predicciones de la Biblia a lo largo de los siglos. Albergamos la convicción de que en la actualidad vivimos en un periodo que la Biblia denomina «los últimos —o postreros— días» y que se refiere a la era que precederá el retorno de Jesucristo (2 Timoteo 3:1). Su regreso a la Tierra marcará el inicio de un nuevo milenio de paz, época en la que cesarán la guerra y la violencia y habrá justicia y equidad para toda la humanidad. (En «El Tiempo del Fin», abordamos este tema con mayor detalle.)

Daniel 12:4; Mateo 24:29–31; Apocalipsis 11:15; Daniel 2:44; Isaías 11:9

Referencias Bíblicas