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Terremoto en Chile 2010

Escrito por voluntarios de la Familia Internacional
Chile

Los voluntarios de la Familia Marisé, Tere, y José lucen sus sonrisas

Un niño con su sonrisa
Sally entrega pijamas a familias acampadas cerca de los escombros de sus casas
Vimos escombros en cada calle por la que pasamos
Los cimientos de una casa derrumbada cerca de la playa
Una fuente de sustento perdida
Cantamos y trajimos provisiones a las familias que acampaban cerca de sus departamentos dañados

Aunque ya han pasado semanas desde el mayor terremoto que ha azotado a Chile en 50 años (8,8 en la escala de Richter, y el quinto más fuerte desde que se llevan registros) las réplicas todavía se sienten en Santiago y la zona central de Chile. La réplica más fuerte fue un terremoto en sí (7,2 en la escala de Richter) ocurrida durante la toma de posesión del nuevo presidente de Chile, Sebastian Piñera. Hizo que la gente saliera corriendo de sus casas y apartamentos. El nerviosismo y el pánico se apoderaron de todos los habitantes de la zona.

El terremoto del 27 de febrero derribó más de 100.000 casas de adobe como si fueran juguetes. En Concepción y otras ciudades se vinieron abajo edificios modernos. La tierra se movió durante casi tres minutos, una eternidad para cualquier persona que haya vivido un terremoto. Los que pudieron corrieron a los jardines. Quienes se encontraban afuera en el momento que ocurrió relatan que la tierra y los caminos se levantaban como olas. Un hombre nos lo describió así: «Íbamos en un bus interprovincial cuando se desató el terremoto. De pronto, nos pareció que estábamos más bien navegando en el mar y sorteando olas».

Minutos después, un maremoto que devastó 30 ciudades, pueblos y caletas de pescadores de la costa central y sur del país y dejó cientos de víctimas. Testigos dicen que las aguas del tsunami resonaban como el rugido de 100 leones.

Las imágenes que se transmitían por televisión eran horrorosas. La destrucción era sobrecogedora. Lloramos por los afectados. La gente necesitaba ayuda con urgencia en todo sentido, físico, emocional y espiritual.

Con la colaboración de diversos patrocinadores, equipos de voluntarios de nuestra agrupación se prepararon durante los próximos días con víveres, agua, mantas, artículos de primera necesidad, cuentos para los niños y libros y publicaciones para dar consuelo y fe a los adultos afectados. Se desplazaron a las localidades de Paine, Constitución, Boyeruca y Cauquenes. Nosotros estuvimos en el equipo que partió para Constitución, una ciudad costera cercana al epicentro. Este es nuestro relato.

Nos tardó el doble en llegar a nuestro destino por los daños producidos en las autopistas; varios puentes caídos, muchas grietas y las estructuras debilitadas. Ya cerca de la ciudad grupos de personas nos salían al paso suplicando ayuda en víveres y artículos básicos, pues el comercio se había detenido y reinaba una carencia general.

Nos impresionó la solidaridad de los chilenos, que ese fin de semana viajaron en masa a ayudar a los desamparados. Muchos camiones y vehículos particulares se agolpaban en la carretera portando ayuda para los afectados, banderas y letreros de Fuerza Chile! En un país que aún no supera sus divergencias políticas, el nuevo presidente expresó en su discurso de posesión: «La naturaleza volvió a recordarnos la importancia de la unidad nacional… Todos somos sobrevivientes de esta tragedia».

Encontramos totalmente arrasada la parte central de Constitución, una ciudad de aprox. 50.000 habitantes. La destrucción nos impactó. Tuvimos que usar mascarillas para protegernos del mal olor y de algunas enfermedades que ya pululaban.

Nuestro equipo había llevado arroz, porotos, pastas, aceite de cocina, sal, pescado enlatado, cloro, papel higiénico, mantas, galletas y 100 libros de colorear junto con 100 cajas de lápices de colores, 120 libritos para niños y libros y revistas motivacionales para adultos.

Dejamos una parte de las provisiones en el centro de acopio y distribución de donaciones . El resto lo distribuimos en otros puntos de la ciudad donde la ayuda no había llegado aún. Cerca de un hospital armamos una bolsa de productos básicos que contenía arroz, fideos, aceite, pescado enlatado, sal, papel higiénico y una revista Conéctate para infundir aliento y esperanza. En todas partes la gente nos agradeció con lágrimas y sonrisas.

A poco de llegar nos dimos cuenta de que la necesidad emocional y espiritual era tan urgente como la material. Nos detuvimos a hablar con muchos y escuchar sus historias y sus pequeños milagros de salvación del desastre. La mayoría había perdido sus casas y todos sus bienes, y algún amigo o ser querido. Pero todos daban gracias a Dios por haberlos guardado, a pesar de los pesares. La fortaleza y entereza de esta gente realmente nos impresionó. Un hombre observó que a menudo nos quejoamos de las fuerzas destructivas de la naturaleza, pero rara vez nos detenemos a pensar en el daño que nosotros mismos provocamos a la tierra y a nuestros semejantes. Mediante esta tragedia estamos adquiriendo mayor humildad. A cada persona con que nos encontramos le aseguramos que el Señor la ama y sigue a su lado. Dondequiera que pudimos vertimos el bálsamo de la oración y la esperanza.

A través de los medios de comunicación nos enteramos de que una de las mayores necesidades era proporcionar entretenimiento a los niños, los cuales seguían traumatizados por la tragedia. con eso en mente fuimos siempre cargados de juguetes, libros de colorear, lápices de color y libros infantiles. Dimos un paquete de los mencionados productos a cada familia y niño con que nos encontramos.

Apreciamos de todo corazón sus oraciones por el pueblo chileno. Nos hemos comprometido a hacer todo lo que podamos por satisfacer las necesidades inmediatas y para proporcionar asistencia a largo plazo. No cabe duda de que hay mucho por hacer. Nos sentimos insignificantes ante una necesidad tan inmensa. Les rogamos que oren para que el Señor multiplique nuestros esfuerzos a fin de que podamos asistir con eficacia a quienes han perdido sus hogares.