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Reflexiones sobre la vida

1ª a los Corintios 13 para la actualidad
Aunque hable cinco idiomas y tenga tantos conocimientos que pueda hablar de innumerables temas, si no tengo suficiente amor para no contar chismes ni menospreciar a otros, no solo soy mucho ruido y pocas nueces, sino una persona destructiva.
La cobra dorada
Andrea, de cinco años, corrió tan rápido como se lo permitían sus piernas. Subía a toda prisa por la escarpada colina en dirección a la casa de sus abuelos, que estaba en la cima.
Nunca estamos solos
—¿Te enteraste? —me preguntó una amiga—. ¿Viste las noticias de ayer? Todo el mundo se conduele por la niña que perdió a toda su familia de golpe. Valientes por siempre Haznos, Señor, aún más valerosos. Que tras el dolor nos enderecemos como el árbol tras el viento y la lluvia.
Poco a poco, hacia la recuperación
Un día, Joe se fracturó un brazo. Joe era un traceur o practicante de parkour*. Le encantaba la euforia de ver el mundo como una gran pista de obstáculos: saltar y dejarse caer, escapar y llegar al punto de destino.
Sopa de cebolla
Sopa de cebolla a la francesa (al estilo de mi madre) Rinde 6 porciones Se pelan y cortan en rodajas finas 6 cebollas medianas. Se doran a fuego medio en 3 cucharadas soperas de mantequilla hasta que estén transparentes.
Ponte en su lugar
Jesús se hizo uno de nosotros David Brandt Berg Siendo rico, se hizo pobre por nosotros, para que gracias a Su pobreza nos enriqueciéramos. Jesús no solo tuvo que venir a mezclarse con nosotros, sino que tenía que ser uno de nosotros. Tenía que incorporarse a la sociedad humana.
La clase de submarinismo
Mike hizo con las manos una seña que significaba: «mírame». Sacudí la cabeza, llena de pánico, y pataleé con más fuerza luchando como loca por llegar a la superficie. Mike me sostuvo con fuerza para mantenerme bajo el agua al mismo tiempo que volvía a darme la misma señal de «¡Mírame!
El plan de Dios
A fines del año pasado falleció mi madre. Sufría de un trastorno neurológico debilitante que se llama enfermedad de Huntington. Durante nueve años la acompañamos y observamos cómo se le debilitaba el organismo y se le deterioraba poco a poco la mente.
Una bocanada de aire fresco
Estábamos en el norte de Italia. Era un día bochornoso de verano. Tras varias horas de viaje, Jeffrey y yo habíamos nos sentamos en la sala de espera de una estación de autobuses donde el ambiente estaba muy cargado. Jeffrey prácticamente no me hablaba: —¿Era necesario que te acompañara? —musitó.