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Ascenso del Anticristo

Ascenso del Anticristo

Michael Roy y Scott Magregor

«El anticristo viene» (1 Juan 2:18).

Una de las últimas señales del fin del dominio de los hombres sobre la Tierra —señal a la que la Biblia dedica numerosos capítulos— es el surgimiento de un gobierno supranacional presidido por un perverso tirano al que se conoce como el Anticristo o la Bestia. El capítulo 13 del libro del Apocalipsis refiere que el mundo rendirá culto a Satanás, personificado éste por el vil dirigente mundial antes mencionado. «Adoraron al dragón [el Diablo] que había dado autoridad a la bestia [el Anticristo], y adoraron a la bestia» (Apocalipsis 13:4).

Rápidamente se está creando el marco para que el mundo acepte una dirigencia de carácter mundial. El célebre historiador británico Arnold Toynbee (1889-1975) observó: «Las naciones están prestas a entregar los reinos del mundo a un hombre que ofrezca una solución a los problemas que aquejan al planeta». Paul-Henri Spaak, que fue el primer presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, primer ministro de Bélgica y secretario general de la OTAN, declaró en cierta ocasión: «No queremos una comisión más; ya contamos con demasiadas. Lo que buscamos es un hombre que tenga suficiente estatura moral para captar el apoyo de las masas y sacarnos del cenagal económico en que nos estamos hundiendo. Cuando se presente tal individuo, sea dios o sea demonio, lo aceptaremos».

Cada vez oímos hablar con más frecuencia del nuevo orden internacional y de la globalización. El ex presidente norteamericano George Bush padre popularizó el concepto en un discurso pronunciado ante el Congreso de su país durante la guerra del Golfo de 1991: «Nos hallamos en un momento único y extraordinario. [...] De esta turbulenta época bien puede emerger un nuevo orden internacional. [...] Hoy ese nuevo orden pugna por nacer»[1].

El acuerdo de paz en torno a Jerusalén

Es previsible que el Anticristo llegue al poder a raíz de la euforia generalizada que se producirá cuando libre temporalmente al mundo de los conflictos armados y de sus profundas crisis económicas y políticas. A la usanza del propio Satanás, que se disfraza de ángel de luz, este personaje deslumbrará a buena parte del mundo presentándose como un gran héroe y pacificador. El profeta Daniel, aludiendo al Anticristo, escribió: «Se apoderará del reino a fuerza de intrigas» (Daniel 11:21, BL).

No sabemos a ciencia cierta si establecerá su gobierno mundial antes o después de la firma de un documento que la Biblia denomina el pacto santo. En cualquier caso, las Escrituras indican que las pretensiones de liderazgo mundial de ese dirigente se fundamentarán en un pacto de 7 años que resolverá, al menos de forma transitoria, la crisis de Oriente Medio, cuestión aparentemente insoluble con la que han lidiado muchos dirigentes de talla internacional desde la fundación de Israel en 1948. En efecto, logrará que israelíes y palestinos accedan a ciertas concesiones relativas a Jerusalén y sus lugares sagrados.

Uno de los puntos más delicados de la negociación será el Monte Moriah en Jerusalén, considerado sagrado por los judíos (dado que allí se encontraba su templo antes que fuera destruido por los romanos en el año 70 d.C.) y también por los musulmanes (puesto que en él se levanta actualmente el tercer santuario del Islam, la Mezquita de Omar). Las Escrituras indican que el acuerdo permitirá a los judíos reconstruir su templo a fin de que puedan reanudar los antiguos ritos de sacrificios de animales (Daniel 8:23-25; 9:27; 2 Tesalonicenses 2:1-4).

La Gran Tribulación

La mayor parte del mundo acogerá inicialmente a la Bestia como una especie de mesías político. Mas transcurridos apenas tres años y medio de la entrada en vigor del pacto de paz (que debería regir por siete años), él se quitará la careta y lo revocará. En ese momento por lo visto invadirá Israel y se establecerá en Jerusalén, convirtiendo esa ciudad en su capital internacional (Daniel 11:45).

Su gobierno entonces abolirá todas las religiones a excepción del culto a su persona y a una imagen de él que estará de algún modo habilitada para hablar y «hacer matar a todo el que no la adore» (Apocalipsis 13:14,15). Jesús dijo que cuando viéramos esa imagen «en el lugar santo [el templo], la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel [...], habrá gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo» (Mateo 24:15,21). De ahí que ese período se denomine la Gran Tribulación. La Bestia y su régimen desatarán una feroz persecución y represión de los creyentes (Daniel 7:21,25; 8:23,24; 11:31-35; 12:7,10; Apocalipsis 13:5-7).

Simultáneamente, el gobierno del Anticristo tratará de imponer a escala planetaria su siniestro sistema económico, que estará asociado al número 666.

La marca de la Bestia

«Hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre. Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis» (Apocalipsis 13:16-18).

Estamos frente a una extraordinaria profecía. Reflexionemos sobre su significado: hace casi 2.000 años el apóstol Juan —que había sido pescador de oficio antes de conocer a Jesús y que fue llamado un hombre «sin letras y del vulgo» (Hechos 4:13)— predijo que un día sería instituido un sistema económico internacional por el que se obligaría a toda persona a llevar un número, sin el cual no podría comprar ni vender. El cumplimiento de este ominoso oráculo no habría sido posible antes del reciente advenimiento del ordenador, y también ahora de la banca electrónica.

Existen actualmente diversos métodos para adquirir bienes o productos. El papel moneda evidentemente tiene los años contados. Una solución viable y muy económica podría ser tomar un microcircuito similar al de una tarjeta inteligente e introducirlo debajo de la piel de cada hombre, mujer y niño del planeta. De hecho, podría ser aún más pequeño que el de una tarjeta, pues no sería necesario almacenar en él todos los datos del portador, sino tan sólo un identificador único, como una serie de números. La información se guardaría en gigantescas bases de datos interconectadas, a las que se accedería mediante el número. Una vez implantado, el chip podría ser leído por un escáner de bajo costo, parecido al lector de barras de un supermercado. De esa manera, cada persona se convertiría en una tarjeta inteligente, sorteando así el gravoso obstáculo de garantizar que el titular de la tarjeta sea, en efecto, quien dice ser.

Es evidente que se está gestando una sociedad desmonetizada a escala planetaria. El control que hoy se puede ejercer en el mundo mediante la tecnología de fibra óptica, los satélites y las bases de datos es alucinante. Muchos gobiernos y empresas están formulando políticas con vistas a eliminar los cheques y el papel moneda, probando diversos sistemas para efectuar operaciones comerciales. Por primera vez existen los dispositivos de alta tecnología necesarios para cumplir la escalofriante visión que tuvo el apóstol Juan hace casi dos mil años.

El poder oculto

El mencionado dirigente supranacional que pronto hará su aparición no exigirá que el mundo lo adore por razones puramente egotistas, sino porque estará poseído por Satanás y recibirá de él sus poderes. «El dragón [Satanás] le dio su poder y su trono, y gran autoridad» (Apocalipsis 13:2).

Satanás siempre ha querido ser Dios. En un principio esa fue precisamente la causa de su caída. El profeta Isaías escribió: «¿Cómo caíste desde el cielo, estrella brillante [Lucifer], hijo de la Aurora? [...] En tu corazón decías: “Subiré hasta el cielo y levantaré mi trono encima de las estrellas de Dios [...]; subiré a la cumbre de las nubes, seré igual al Altísimo”. Mas, ¡ay!, has caído en las honduras del abismo, en el lugar adonde van los muertos» (Isaías 14:12-15, BL).

¡Ojo con el 666!

Lo que Satanás persigue al inducir al gobierno del Anticristo a establecer un sistema económico global es controlar a la población del mundo y lograr que se postre y le rinda culto. Por eso la Biblia advierte: «Si alguno adora a la Bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios. [...] No tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la Bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre» (Apocalipsis 14:9-11).

Cabe señalar que esa condenación será para los que cumplan simultáneamente dos condiciones: adorar a la Bestia y recibir su marca. El Apocalipsis menciona en seis ocasiones que esos dos hechos juntos conducirán a la condenación. Es obvio que existirá un vínculo entre ambos, aunque ahora mismo no entendamos claramente la relación. A primera vista podría parecer que la marca no será más que un simple elemento de un sistema económico y de identificación; pero por lo que indican las Escrituras, tendrá graves implicaciones. ¡Más vale ser precavido!

Cuando veamos surgir un gobierno mundial cuyo dirigente exija nuestra filiación, nuestra lealtad e incluso nuestra devoción, no debemos acceder a sus exigencias. Por muchos que sean los incentivos económicos ofrecidos a cambio, o las represalias con que se amenace a quienes rechacen su marca y su número, debemos más bien amar y adorar al Dios verdadero, el Creador, que nos quiere y vela por nosotros. Ha prometido que si ciframos nuestra confianza en Él, nos sacará adelante en los tiempos que se avecinan. La Biblia dice: «El pueblo de los que conocen a su Dios se mantendrá firme» (Daniel 11:32, BJ).


Nota al pie

[1] Jerry Johnston, The Last Days of Planet Earth, Harvest House Publishers, Eugene, EE.UU.; 1991, págs.129-131.