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El siervo fiel y el infiel

El siervo fiel y el infiel

Peter Amsterdam

La parábola del siervo fiel y del infiel la narran dos de los Evangelios: Mateo y Lucas. Las dos versiones son muy similares, con mínimas variaciones. En el presente artículo pondremos el foco en el capítulo 24 de Mateo.

Contextualicemos la parábola: Jesús hablaba a Sus discípulos poco antes de Su detención y crucifixión. Se encontraban en el Monte de los Olivos, en un lugar retirado de la gente, cuando los discípulos le preguntaron: ¿Qué señal habrá de Tu venida y del fin del siglo?[1]

Esa pregunta dio pie a que hablara de sucesos del futuro, incluido el momento de Su regreso: [Verán] al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria[2].

De ahí pasó a relatar esta parábola en el contexto de Su retorno, que la mayoría de exégetas (intérpretes) califican de parusía. Jesús dijo a Sus seguidores que nadie sabe cuándo se producirá la parusía: Del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo Mi Padre[3].

Jesús alertó a los creyentes para que estuvieran preparados de cara a aquel día: Por tanto, también vosotros estad preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora que no pensáis[4].

Refirió entonces una parábola que pone de relieve la importancia de vivir de tal manera que en todo momento estemos prevenidos y preparados para cuando llegue la parusía. Establece un contraste entre dos actitudes en conflicto, una alternativa entre dos opciones que enfrentan los creyentes.

Dio comienzo a la parábola diciendo: ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, lo halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes lo pondrá[5].

Leemos en este pasaje sobre un siervo[6] al que su señor pone a cargo de su casa en su ausencia. Se le otorga a ese siervo autoridad sobre el resto del personal doméstico y se le encomienda la tarea de administrar debidamente el hogar. Al parecer es una casa con muchos sirvientes, y a aquel hombre se le delega una tarea de gran responsabilidad. El mencionado siervo no presta mayor atención al momento en que regresará su señor, ya que eso no influye para nada en el trabajo que realiza; simplemente cumple sus deberes con fidelidad. El hombre que se ha desempeñado así recibirá altos elogios al retornar su señor. Aparte de recibir honores, será ascendido al puesto de mayordomo, a cargo de todas las posesiones de su amo.

Una vez que se nos presenta un marco hipotético de un siervo que ha actuado con integridad en el cumplimiento de sus deberes, se nos describe lo que podría pasar si ese siervo optara por actuar de otra manera y las consecuencias que tendría dicha decisión.

Pero si aquel siervo malo dice en su corazón: «Mi señor tarda en venir», y comienza a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes[7].

En este pasaje vemos que el siervo sostiene una conversación interna, algo muy común en las parábolas del Evangelio de Lucas[8], pero que en el Evangelio de Mateo no se registra sino en esta ocasión. El amo está ausente y por alguna razón no regresará cuando estaba previsto en un principio. De ahí que el siervo se sienta libre de actuar con impunidad. A su juicio, haber quedado a cargo en calidad de regente significa que no tiene que rendirle cuentas a los demás y que sus actos no tendrán consecuencias. Se comporta como si el señor de la casa no fuese a regresar nunca y como que jamás tendrá que hacerse responsable de sus decisiones. Empieza a actuar con injusticia. La autoridad transitoria que adquiere se le sube a la cabeza y golpea cruelmente a sus consiervos. El siervo ha perdido todo el sentido del decoro y del correcto comportamiento, y se ha segregado de sus consiervos, como se infiere cuando dice que comía y bebía con los borrachos.

Se nos revela que el señor sí regresa, sin previo aviso, y que toma al siervo completamente desprevenido. De alguna manera ese criado perdió de vista el hecho de que si bien la ausencia de su señor se extendió más de lo previsto, no significaba que no iba a regresar nunca. Efectivamente regresó, y se nos cuenta que las acciones del siervo —su mala gestión, el trato áspero y la maldad que tiene con los demás— dieron motivo a que se le juzgara y se le condenara.

Algunas versiones describen el castigo diciendo que se lo cortará en pedazos o se lo cortará por medio. Para unos intérpretes eso significa que se lo cortará de en medio del pueblo, refiriéndose a que se lo separará de la comunidad de creyentes y en consecuencia acabará en compañía de los hipócritas. Otros consideran que se puede interpretar metafóricamente y que por ende sería comparable a decir que se haría añicos a la persona o una frase semejante. Otros, no obstante, piensan que significa simplemente que será castigado con severidad. El vocablo griego traducido aquí por cortar en pedazos, o como lo expresan algunas traducciones, cortar por medio, únicamente se emplea en otros pasajes de la Escritura para describir el descuartizamiento de animales destinados a los sacrificios rituales. En el libro de Jeremías también se emplea la frase cortar en dos en alusión al castigo que según Dios recibirían algunos en Israel:

Puesto que han violado Mi pacto, y no han cumplido las estipulaciones del pacto que acordaron en Mi presencia, los trataré como al novillo que cortaron en dos[9].

Según muchos exégetas, no parece que el término se emplee en sentido metafórico, sino que se debe tomar literalmente como un castigo brutal, empleado con la intención de horrorizar a los oyentes y motivarlos a tomar las decisiones acertadas.

La frase pondrá su parte con los hipócritas del Evangelio de Mateo, en Lucas se presenta como y lo echará con los incrédulos[10]. Es posible que Mateo haya hecho referencia a los hipócritas porque a lo largo de este Evangelio, particularmente en el capítulo 23, los hipócritas son objeto de rigurosa condenación. La palabra en este contexto probablemente debe considerarse como un término generalizado aplicado a quienes toman decisión contra Dios. El lloro y el crujir de dientes expresa profunda tristeza y emoción. Esta frase se emplea siete veces en el Nuevo Testamento, todas ellas, salvo una, en el Evangelio de Mateo, y en todos los casos aluden a quienes han rechazado a Dios y son excluidos de Sus bendiciones en el tiempo del fin.

Existen dos opiniones sobre el significado de esta parábola, o por lo menos con respecto a quiénes iba dirigida. Una de las interpretaciones es que la parábola se enfoca en los que ejercerían cargos directivos dentro de la iglesia. Basan esta afirmación en que el relato estaba dirigido a los discípulos, que luego llegaron a ser dirigentes de la iglesia primitiva. Un autor lo explica así:

Al describir a un esclavo a cargo de otros esclavos en el seno de un hogar y hacer hincapié en la importancia de que este cuide de los otros en ausencia de su maestro, la parábola sugiere así que los líderes al interior de la iglesia deben velar debidamente por la comunidad durante el tiempo que transcurra entre la asunción de Jesucristo y su parusía. El debido cuidado —dar de comer a los integrantes del hogar— consistiría en un apostolado de proclamación y enseñanza[11].

El siervo que opta por un camino de dirigencia apartado de los principios divinos encarna un tipo de liderazgo eclesial que resulta egoísta y egocéntrico. Las palabras predichas por el profeta Ezequiel retratan claramente a ese tipo de dirigentes:

¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿Acaso los pastores no apacientan a los rebaños? Os alimentáis con la leche de las ovejas, os vestís con su lana y degolláis a la engordada, pero no las apacentáis. No fortalecisteis a las débiles ni curasteis a la enferma; no vendasteis la perniquebrada ni volvisteis al redil a la descarriada ni buscasteis a la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia[12].

La otra interpretación es que la parábola se dirige a los cristianos en general y que el foco de atención no está exclusivamente en quienes desempeñan cargos dirigentes. La parábola presenta dos modos opuestos de vivir uno su fe. Una opción es ser como el primer siervo, que con fidelidad y constancia realiza su trabajo día tras día y noche tras noche. Para él no tiene nada que ver en qué momento volverá su amo, puesto que ha realizado continuamente lo que se le ha pedido. Cuando el señor regrese, él estará preparado.

La segunda opción es adoptar la actitud del siervo malvado. Prestó muy poca atención al hecho de que el señor retornaría; al contrario, actuó como si este nunca volvería o que su regreso tendría lugar en un futuro tan lejano que no había por qué preocuparse mucho de ello. La cuestión es que el señor sí regresó y decretó un juicio y un ajuste de cuentas.

Aunque podría parecer que esta parábola trata de dos siervos distintos —uno que decide actuar bien y otro que no—, lo cierto es que trata de un mismo siervo puesto a escoger entre dos opciones. Con ello se infiere que cada creyente enfrenta una alternativa. ¿Seremos fieles al Señor? ¿Seremos consecuentes con Sus enseñanzas? ¿Estaremos listos cuando Él regrese o cuando nuestra vida toque a su fin? ¿O, por el contrario, asumiremos la actitud del siervo que vivió como si no tuviera que rendir cuentas, para luego descubrir, ya demasiado tarde, que sí debe rendirlas y que sí se nos hace responsables?[13] La decisión correcta es evidentemente la primera: optar por basar nuestra vida en las enseñanzas de Jesús, mantener una sana relación con Dios, amarlo a Él y amar al prójimo. Al optar por este modo de vivir Dios nos bendecirá, no solo en el presente, sino por la eternidad.


Notas al pie

[1] Mateo 24:3. 9Todos los versículos de la Biblia proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso.)

[2] Mateo 24:30.

[3] Mateo 24:36.

[4] Mateo 24:44.

[5] Mateo 24:45–47.

[6] O esclavo. Las dos son traducciones legítimas de la palabra griega doulos.

[7] Mateo 24:48–51.

[8] El rico insensato, Lucas 12:16–21; el hijo pródigo, Lucas 15:11–32; el administrador injusto, Lucas 16:1–9.

[9] Jeremías 34:18 (NVI).

[10] Lucas 12:46 (RVC).

[11] Hultgren, Arland J., The Parables of Jesus (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 2000), 162.

[12] Ezequiel 34:2–4.

[13] De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. (Romanos 14:12).