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Historia de dos ciudades

Historia de dos ciudades

Keith Phillips

En el libro de los Hechos, capítulo 17, se narran las primeras vivencias del apóstol Pablo en Tesalónica y Berea, dos ciudades situadas en lo que hoy es Grecia. Ambas contaban con una comunidad judía, sinagoga y, según se desprende del texto, un número importante de griegos convertidos al judaísmo.

En Tesalónica, «como era su costumbre, Pablo entró en la sinagoga y tres sábados seguidos discutió con ellos. Basándose en las Escrituras, les explicaba y demostraba que era necesario que el Mesías padeciera y resucitara. Les decía: "Este Jesús que les anuncio es el Mesías"»[1]. Algunos al oírlo quedaron convencidos; otros no. Estos últimos incitaron a la gente y provocaron tal persecución que Pablo y Silas tuvieron que huir a la vecina ciudad de Berea.

Allí también Pablo enseñó en la sinagoga. «Estos eran de sentimientos más nobles que los de Tesalónica, de modo que recibieron el mensaje con toda avidez y todos los días examinaban las Escrituras para ver si era verdad lo que se les anunciaba»[2].

En ambas ciudades Pablo encontró gente que creía en el Dios verdadero pero admitía que había muchas cosas de Él que no sabía o entendía. Por eso muchos se reunían en la sinagoga a estudiar y discutir asuntos de fe. Los dos grupos de creyentes oyeron el mismo mensaje de Pablo, y ambos contaban con el mismo recurso para confirmar su validez: la Sagrada Escritura. Lo que distinguió a los bereanos fue que «todos los días examinaban las Escrituras para ver si era verdad lo que se les anunciaba».

Eso era precisamente lo que pretendía Pablo con sus discusiones, explicaciones y demostraciones. A otro grupo de creyentes de aquel tiempo les dijo: «Ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios»[3]. Es decir, no le interesaba que ellos lo creyeran simplemente porque él lo hubiera dicho; prefería que basaran su fe en la convicción personal que cada uno hubiera adquirido luego de estudiar las Escrituras y hallar en ellas, con la guía del Espíritu Santo, las respuestas que buscaban.

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Notas al pie

[1] Hechos 17: 2-3 NVI.

[2] Hechos 17:11 NVI.

[3] 1 Corintios 2:4,5.