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Dios es espíritu

Dios es espíritu

Peter Amsterdam

En Juan 4, Jesús se dirige a la samaritana a la que conoció junto a un pozo y le dice: Dios es Espíritu, y los que lo adoran, en espíritu y en verdad es necesario que lo adoren1.

Jesús dijo que Dios es espíritu. Y dado que Dios no fue creado, puede decirse que es un espíritu increado. El hecho de que no fue creado lo distingue en esencia y en existencia de todo lo creado. No está hecho de nada creado; no está constituido por materia. No es simplemente energía, ni aire, ni espacio, pues todas esas son cosas creadas. Tiene una existencia diferente. Existe de una manera marcadamente distinta de todo lo creado, incluidos los ángeles y los espíritus humanos. Los seres humanos somos seres corpóreos dotados de espíritu, mientras que los ángeles son seres inmateriales e incorpóreos. De todos modos, ambos son seres creados, lo cual los hace diferentes de Dios.

Dios ha existido eternamente como espíritu. Su existencia es muy superior a cualquier otra cosa que conozcamos, a cualquier otra cosa que exista. Es «el ser por encima del cual nada mayor se puede imaginar»2. Tanto es así que todos los demás seres llegaron a existir por medio de Él. Es el origen de todos los seres, de toda la vida.

Wayne Grudem escribió: «Podemos preguntar por qué el ser de Dios es así. ¿Por qué Dios es espíritu? Todo lo que podemos decir es que esta es la mejor y más excelente forma de existencia. Es una existencia muy superior a todo lo que conocemos. Es fascinante meditar en este hecho»3.

En vista de que Dios es un ser tan distinto, tan superior a nosotros, nos resulta imposible entender la totalidad de Su esencia o existencia.

Invisibilidad de Dios

Dios es invisible. No se le puede ver. El único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible y a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver. A Él sea la honra y el imperio sempiterno. Amén4.

Al leer los anteriores versículos, automáticamente surge la pregunta: «Y ¿qué hay de los relatos del Antiguo Testamento en los que se habla de personas que vieron a Dios?» Por ejemplo, Moisés en el monte Sinaí.

Dijo Moisés: «Te ruego que me muestres Tu gloria». El Señor le respondió: «Yo haré pasar toda Mi bondad delante de tu rostro y pronunciaré el nombre del Señor delante de ti,  pues tengo misericordia del que quiero tener misericordia, y soy clemente con quien quiero ser clemente.

»Pero no podrás ver Mi rostro —añadió—,  porque ningún hombre podrá verme y seguir viviendo». Luego dijo el Señor: «Aquí hay un lugar junto a Mí. Tú estarás sobre la peña, y cuando pase Mi gloria, Yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con Mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré Mi mano y verás Mis espaldas, pero no se verá Mi rostro»5.

Hubo otras ocasiones en el Antiguo Testamento en que Dios se apareció a diversas personas, como a Abraham, a los israelitas cuando estaban en el desierto y a los ancianos de Israel.

El Señor se le apareció a Abraham en el encinar de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda, a la hora de más calor. Alzó los ojos y vio a tres varones que estaban junto a él. Al verlos salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, se postró en tierra y dijo: «Señor, si he hallado gracia en Tus ojos, te ruego que no pases de largo junto a Tu siervo»6.

Subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, junto con setenta de los ancianos de Israel, y vieron al Dios de Israel. Debajo de Sus pies había como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno. Pero no extendió Su mano contra los príncipes de los hijos de Israel: ellos vieron a Dios, comieron y bebieron7.

Claramente hubo ocasiones en que Dios se mostró a la gente de manera visible. Lo que vieron es lo que se llama una teofanía, una manifestación visible de la divinidad. Presenciar una teofanía no es lo mismo que ver la plena o auténtica esencia y existencia de Dios.

Las personas que vieron a Dios en los relatos del Antiguo Testamento advirtieron una forma externa o manifestación de la divinidad, una teofanía, no la plenitud de Su ser o Su esencia. No es que vieran todo lo que Dios es, puesto que nadie puede verlo y seguir viviendo8.

Por supuesto, Jesús es Dios, y Él anduvo por la Tierra y fue visto por muchas personas que no por ello dejaron de vivir. Vieron a Dios Hijo encarnado, o sea, percibieron a Dios en carne humana, que no es lo mismo que ver la plenitud de Dios en toda Su gloria. Pedro, Jacobo y Juan vieron a Jesús transfigurarse en un monte, pero eso tampoco significa que vieron a Dios en Su plenitud, puesto que según las Escrituras nadie puede verlo y seguir viviendo. Aun así, con lo que vieron se quedaron pasmados.

Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte alto. Allí se transfiguró delante de ellos, y resplandeció Su rostro como el sol, y Sus vestidos se hicieron blancos como la luz9.

Antropomorfismos

Como Dios es un ser con características de persona, que nos ama y quiere que lo conozcamos y lo amemos, ha revelado a la humanidad por medio de Su Palabra ciertos rasgos Suyos. Para darnos a conocer cómo es Él, habló de Sí mismo empleando términos que nos resultaran comprensibles. Por consiguiente, cuando se comunicó con Abraham, Moisés y los profetas utilizó palabra que ellos entendían y un lenguaje descriptivo que les era familiar.

Entre otras cosas, recurrió al uso de lo que se conoce como antropomorfismos.  Un antropomorfismo es la atribución de una cualidad humana a un ente no humano. El vocablo proviene de dos palabras griegas, que significan la una hombre y la otra forma. Con relación a Dios, el antropomorfismo consiste en atribuirle experiencias y características humanas, tanto físicas como emocionales.

Por ejemplo, aunque Dios es espíritu y no tiene cuerpo físico, la Biblia habla de Su rostro, ojos, diestra, oído, boca, nariz, labios, lengua, brazo, mano, pies, voz, etc.10 También se le describe con términos relacionados con experiencias humanas, como pastor, esposo, guerrero, juez, rey, marido, etc.11 Se menciona que participa en acciones humanas como ver, oír, sentarse, andar, silbar, reposar, oler, y también saber, escoger y castigar12.

Se le atribuyen emociones propias de los seres humanos. Se dice que ama, aborrece, tiene contentamiento, se ríe, se arrepiente, tiene celos, se llena de furor, se goza, etc.13 Hay también analogías que establecen un parecido entre Dios y cosas creadas que no son humanas; por ejemplo, lo comparan con un león, el Sol, un cordero, una roca, una torre, un escudo, etc.14

Los antropomorfismos, así como las analogías, son recursos que Dios inspiró a los autores de la Biblia para expresar conceptos como las características de Dios y nuestra relación con Él. Aunque en realidad Dios no  tenga manos, pies, oídos ni ojos, ese lenguaje constituye una buena base para hacerse una idea de cómo es Él y cómo se relaciona con nosotros.

El teólogo Jack Cottrell afirmó que ese lenguaje «se considera una expresión de la condescendiente bondad de Dios, que se describe con términos humanos para que entendamos mejor lo que nos dice»15.

J. I. Packer compara la forma en que Dios se dirige a nosotros con las explicaciones que daría a su hijito de dos años un hombre dotado de una mente como la de Einstein. El lenguaje empleado es simple para que el niño lo entienda. La explicación completa probablemente sería mucho más compleja16. Por ejemplo, la Biblia dice que Dios es amor. Sabemos lo que es el amor por nuestra experiencia humana, y por lo tanto así adquirimos una comprensión conceptual de un aspecto de Dios. El amor se origina en Dios, es uno de Sus atributos, y nosotros —criaturas Suyas hechas a Su imagen—, tenemos la capacidad de amar; no obstante, debemos tener presente que el amor que Dios es resulta infinitamente superior al concepto de amor que tenemos nosotros.

Expresar un atributo de Dios, como el amor, en términos humanos sirve de punto de referencia, pero de ninguna manera explica plenamente lo que significa que Dios sea amor. La totalidad del amor de Dios está por encima de cualquier amor que nosotros pudiéramos concebir; pero el hecho de que el amor signifique algo para nosotros y entendamos hasta cierto punto lo que es nos permite hacernos una idea de cómo es Dios, mediante términos que nos resultan comprensibles.

Dios es espíritu, y es también un ser con características de persona, aparte de ser el Dios viviente. Posee las cualidades de una persona: conciencia de sí mismo, raciocinio, autodeterminación, inteligencia, conocimiento y voluntad. Y como los seres humanos, que estamos hechos a imagen de Dios, también somos personas, una de las vías más fáciles para nosotros de conceptualizar a Dios es emplear lenguaje antropomórfico. Para describir Su naturaleza y personalidad, Dios utilizó recursos lingüísticos que revelan Sus características de persona y nos ayudan a asociarlo con conceptos que nos son familiares.

Un escritor lo expresa de la siguiente manera: «Los autores de las Escrituras sabían perfectamente que Dios no tiene un cuerpo físico, pero también dan testimonio de que se relaciona con nosotros en un ámbito totalmente personal: contempla a los seres humanos, quiere acercarse a ellos y aconsejarlos; en ese sentido tiene ojos, manos y pies. Prescindir de antropomorfismos significaría no retratar a Dios tal como es en realidad: un ser vivo con características de persona»17.

Dios optó por revelarse a la humanidad mediante lo que dijo a los autores de la Biblia y por medio de ellos. Empleó un lenguaje y estilo que ellos entendieran y también nosotros, los que vendríamos después de ellos. Se reveló como un Dios viviente que tiene características de persona, es espíritu y es invisible

A menos que se indique otra cosa, los versículos citados proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso. También se citan versículos de la Biblia de Jerusalén (JER), la Biblia de Nuestro Pueblo (BNP) y la Nueva Versión Internacional (NVI).


Notas al pie

1 Juan 4:24. (A menos que se indique otra cosa, los versículos citados proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso. También se citan versículos de la Biblia de Jerusalén (JER), la Biblia de Nuestro Pueblo (BNP) y la Nueva Versión Internacional (NVI).

2 Anselmo de Canterbury, Argumentos Ontologicos de la Existencia de Dios

3 Grudem, Wayne: Teología sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica, Vida, 2007, p. 193.

4 1 Timoteo 6:16. Juan 1:18; Juan 6:46; 1 Juan 4:12;1 Timoteo 1:17.

5 Éxodo 33:18–23.

6 Génesis 18:1–3.

7 Éxodo 24:9–11.

8 Éxodo 33:20.

9 Mateo 17:1,2.

10 Salmo 11:7 ; Salmo 11:4; Salmo 20:6; Isaías 59:1;  Job 23:12; Salmo 18:8; Job 11:5; Isaías 30:27; Éxodo 15:16; Números 11:23; Isaías 66:1; Deuteronomio 15:5.

11 Salmo 23:1; Isaías 62:5; Éxodo 15:3; Isaías 33:22; Jeremías 10:10; Isaías 54:5.

12 Génesis 1:10; Génesis 2:24; Salmo 9:7; Levítico 26:12; Isaías 7:18; Génesis 2:2; Génesis 8:21; Génesis 18:21; Deuteronomio 7:6; Deuteronomio 8:5).

13  Juan 3:16; Deuteronomio 16:22; Salmo 149:4; Salmo 59:8; Génesis 6:6; Éxodo 20:5; Jueces 2:14; Deuteronomio 30:9.

14 Isaías 31:4; Salmo 84:11; Isaías 53:7; Deuteronomio 32:4; Proverbios 18:10; Salmo 3:3.

15 Cottrell, Jack: What the Bible Says About God the Creator, Wipf and Stock Publishers, Eugene, 1996, p. 288.

16 Packer, J. I.: Creation, Evolution and Problems, charla 15, «The Attributes of God, Part 2».

17 Williams, J. Rodman: Renewal Theology, Systematic Theology from a Charismatic Perspective, Zondervan, Grand Rapids, 1996, libro 1, p. 51.