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La guerra espiritual

Creemos que existe una esfera espiritual, imperceptible desde el mundo físico, habitada por Dios y Sus ángeles y espíritus, como también por Satanás —el Diablo—, enemigo de toda justicia. Satanás y sus espíritus malignos se encuentran en rebeldía contra Dios y son los instigadores de buena parte de los males y el sufrimiento que han aquejado a la humanidad a lo largo de los siglos.

Mantenemos que en el plano espiritual se libra una guerra implacable entre Dios y sus fuerzas del bien y Satanás y sus fuerzas malignas, y que ambos bandos procuran influir en las almas y las conciencias de la humanidad y alterar el curso de la Historia.

Consideramos que los cristianos participan activamente en esa guerra espiritual cuando sus decisiones y sus actos están en consonancia con Dios y contribuyen a propagar Su reino. Algunas personas, no obstante, favorecen con sus impíos actos los empeños de las huestes del mal por suprimir la fe y la bondad (Efesios 6:12).

La Biblia vaticina que en última instancia Satanás y sus fuerzas serán derrotadas y que finalmente se impondrá el plan de Dios para la humanidad (Apocalipsis 20:1-3,10). A la postre se establecerá en la Tierra el reino de Jesús y «los reinos del mundo [pasarán] a ser de nuestro Señor y de Su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos» (Apocalipsis 11:15).

  • Hechos 26:18; 1 Pedro 5:8; Apocalipsis12:7-9; 1 Juan 3:8; 2 Corintios 10:3-5; Efesios 6:11-12

Referencias Bíblicas

Hechos 26:18 Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en Mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.

1 Pedro 5:8 Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.

Apocalipsis12:7–9 Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.

1 Juan 3:8 Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del Diablo.

2 Corintios 10:3–5 Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.

Efesios 6:11–12 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

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